lunes, 30 de noviembre de 2009

La abuela es rica.



La abuela es rica.


El viernes me acosté tardísimo. Mamá estaba hecha trizas. Creo que mezcló de todo. Yo, al otro día, me desperté a las 11 y prepare el desayuno. Comí y a las 11:30 le lleve el desayuno a la cama. No quería saber nada con comer. Estaba muy decompuesta. Corroboré que mezcló de lo lindo. La dejé dormir, aunque siempre la jodo y la termino despertando. A eso de las dos de la tarde suena el timbre. ¿Quién podría ser? La abuela Sari. Como estaba en la planta alta de la casa, no llegue rápido. Tocó el timbre, creo que cuarenta veces. Cuando le abrí la puerta llevaba una de esas caras de sorpresas, onda “no sabes lo que paso”. Ya sabia que se venia con una necrológica, típica de ella.

Abuela:
Hijo, ¡se murió Azucena!

Azucena es la intima amiga de Sari. Se conocieron a los diez años y desde allí nunca mas se despegaron. Pasaron modas, pasaron novios, parejas, hijos, viajes, negocios, maridos muertos, funerales, muchas comilonas… yendo al grano, les paso la vida por encima, y ambas ya están en la recta final. Como dice el dicho popular “están de vuelta” o mejor dicho, mi abuela esta de vuelta, porque azucena acaba de “pegar el tiro”.

Yo:
¿Cómo que murió azucena?
Abuela:
Si, hoy la encontraron tirada en el baño de la casa en estado de descomposición.

La hice entrar, la tranquilice. Le preparé unos de esos te que toma siempre cuando viene a casa, de menta con miel y no se cuento mas y le dí unas palabras de aliento a ver si levantaba el animo un poquito, aunque sea, dentro de tanta desgracia. Pero nada, estaba en crisis total.

Abuela:
Hacia diez días que estaba tirada muerta en el piso. Se la estaban comiendo los gusanos, ¡pobre Azucena!

Me resulto chocante, por no decir asqueroso. Tenía un pedaso de pan en la boca justo cuando estaba pronunciando esas palabras.

Yo:
¡Y bueno abuela, es la vida. Ahí vamos a ir a para todos!
(a modo de consuelo)

Abuela:
Vos guacho porque tenes veinte, ¡yo ya estoy mas cerca del arpa que de la guitarra!
(Dichos de mi abuela)

Y si, tenía razón, ¿Qué le podía decir ene se caso?

Yo:
Abue, viejo son los trapos. Aparte hoy en día, la expectativa de vida creció, se alargó, hay gente que vive hasta los 110 años.

Abuela:
¡Dejame de romper las pelotas! Para que quiero vivir 110 años. Para hacerme encima y que me tengan que estar cambiando… (Enseguida cambio el tono de voz)… ¡Pobre azucena!...no era su momento, mira que yo soy de presentir esas cosas. ¡Diez días tirada en el baño!

¿No era el momento?, tenía 86 años la vieja, bastante vivió, pero que le iba a decir. Mi abuela es especial, por lo tanto hay que referirse a ella de una manera especial.

Abuela:
Te tengo que contar algo. Algo muy importante.

Yo:
¿Qué?

Abuela:
¡Prometeme que no vas a decir nada!

Yo:
¡Abuela!... ¡no!

Abuela:
Me parece que me dejo toda la herencia.

Y ahí entendí que dios le da pan al que no tiene dientes. Azucena es una de las mujeres mas bacanas de la ciudad. Por no decir una vieja forrada en guita. No tenía hermanos, ni hijos, por ende, ni nietos, ni sobrinos, no tenia a nadie, más que a su entrañable amiga “Sari”. Pero mi abuela, es tremenda, mal administrada, gastadora compulsiva, timbera, y cartomante, un cóctel digno para una novela de las dos de la tarde. A lo largo de su vida lo fundió cinco veces a Sandoval Pérez, con prestamos y prestamos (mi muerto abuelo), decí que este tenia un espíritu emprendedor de la concha de la lora. Volviendo a la “herencia de la amiga”.

Abuela:
¡Llama a tu mama! ¡ya!

Yo:
¡Esta durmiendo!

Abuela:
¡Pero que se levante esa vaga!

Y ahí empezaron los gritos…”Silvia”…”Silvia”. Mamá nunca se despertó. Mas sabiendo por donde venia la mano, cada sábado que la intenta despertar, le da vuelta la cara. Es su relación así, fría. Aunque mi abuela es capas de hacer hablar a un mono, para que le diga “cállate”, es entendible la reacción de mamá.
Lo que mas me sorprendió fue saber que el dolor que sentía Sari hacia segundos se trasformaba en goce, cuando dijo:

Abuela:
¡Silvia levantate, somos ricas!

Siempre le importó la plata y también siempre quiso mucho a azucena, pero esta vez la ambición fue más fuerte. Hasta la próxima.

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